Rituales y espiritualidad andina: Carnaval y Semana Santa en Tilcara

En las festividades y rituales andinos actuales, siempre estarán presentes elementos de la cosmovisión andina, su relación con lo sagrado y la naturaleza, junto a los de la religiosidad cristiana. El significado estructural del ciclo ritual en el mundo andino está relacionado con fases ecológicos-religiosas.

CARNAVAL

El carnaval en los Andes es un ritual milenario que fue introducido en América por la colonización española, produciéndose un sincretismo con otras festividades como los ritos a la tierra y a la Pachamama. El desentierro del diablo se realiza en las afueras del pueblo, cerca de los cerros en los distintos lugares que las comparsas han determinado como punto de iniciación, llamado mojón, representando la transición entre lo domesticado y menos domesticado. El mojón al igual que la apacheta, es el lugar ritual de encuentro con la deidad, donde se invoca a la Pachamama y surge el carnaval. El mojón es un espacio ritual de comunicación con otros mundos. Se venera a la Pachamama para que deje salir al carnaval y se le agradece los frutos y la abundancia de las cosechas, se pide por un buen año y por mucha alegría y diversión.

En el carnaval tilcareño, el miércoles de ceniza algunos concurren a misa, a la iglesia del pueblo, donde la cruz de ceniza en la frente indica que el carnaval terminó, ya han “cruzado” al diablo, lo han alejado hasta el próximo carnaval. Otros participantes continúan carnavaleando hasta el domingo de tentación, cuando se entierra el carnaval. La tristeza emerge como fin del carnaval a través de los sonidos de lamentos y llantos bajo el silencio de los cerros. Así, el carnaval vuelve a la Pachamama, para retornar al año siguiente, mientras el pueblo comienza a prepararse para recibir la Semana Santa.

SEMANA SANTA

La incorporación de elementos andinos en los rituales, festividades y fe católicos y viceversa muestra como éstos se relacionan y como actúan en el principio de reciprocidad entre hombre y naturaleza que rige la vida del hombre andino. Con el “pago” se pide permiso a la Pachamama, Madre Tierra; con la chaya, derramando licor o chicha se devuelve simbólicamente sus frutos. Así, otros elementos culturales como la música, el culto a, y en, las montañas tienen vital importancia en el sistema de creencias andinas. Ejemplo de ello, podemos comprobarlo dentro de la liturgia ritual, en los tiempos de Carnaval y Semana Santa.

En el marco de la ideología andina, que otorga un sentido sacralizante a las manifestaciones del mundo natural, las montañas de la cordillera andina han ocupado un lugar fundamental. Tuvieron y tienen carácter sagrado, lugares sagrados o huacas, y cumpliendo un rol destacado en las creencias religiosas prehispánicas andinas fueron elegidas como centros de peregrinaje, como escenarios que comprendían diferentes ceremonias. Del mismo modo hoy, los pueblos andinos realizan sus peregrinaciones a las cumbres de las montañas, espacios sagrados, para realizar prácticas de adoración, propiciación y apaciguamiento e invocaciones de algún Santo o Virgen de su devoción, dando continuidad al significado de sacralidad a la montaña.

Luego de los “desenfrenos” del Carnaval, espacio en el cual “todo está permitido”, vienen los días de cuaresma, tiempo de penitencia seguidos por el sacrificio y la “salvación”.

En Tilcara, cada Lunes Santo cientos de peregrinos, devotos y creyentes venidos de distintas y lejanas comarcas, parten en medio de la noche cubiertos con mantas y gorros de lana, cargando sobre sus espaldas pesadas mochilas, acompañados solamente por la música de los instrumentos de los sikuris y la fuerza de su devoción. Su sacrificada peregrinación los lleva por empinados caminos entre desfiladeros y cornisas, en busca de la protección y reconocimiento por favores recibidos de su Santa Patrona, la Virgen de Copacabana del Abra de Punta Corral.

A lo largo del camino, los peregrinos y los sikuris ofrendan permanentemente a la Virgen en los distintos calvarios-apachetas, colocando piedras, flores y velas a su paso.

Y como todos los años bajarán el miércoles santo, cargando en andas la urna de vidrio de su “Mamita del Cerro” en medio del cansancio, la algarabía de la música de las bandas de sikuris y las bombas de estruendo, retornando a su Señora al atrio de la centenaria Iglesia para unirse posteriormente a las otras celebraciones de la Semana Santa en Tilcara: presentación de las Ermitas, el Descendimiento de la Cruz, y el Vía Crucis llevando al Cristo Yacente en una urna de vidrio con el acompañamiento de las bandas de sikuris y la devoción de miles de fieles.

Claudia Goldin/Luz Semino